By Sylvia Ji

By Sylvia Ji
Weder Engel noch Dämon
Vivir o existir

Memoria [ALFA]

jueves, 20 de marzo de 2008

Piscis


"...Llévate al mundo de aquí,
Peina la espuma del mar
y llévanos...
muy lejos... muy lejos...
en silencio"

Cuando el Mar te Tenga
El Último de la Fila


El escenario quede listo para esta función, la más intensa y profunda de todas.


Tan denso como la propia puesta en escena, así sea el espacio en donde se dará por presentada, expuesta al firmamento en toda su extensión.

Un testigo sosegado, pero ardiente en sus entrañas recibirá regocijado a la actriz principal, cuando esté lista para entregarse plena a él.

Sin mucho drama, pero con intensidad y sentimiento reales, la dama deja al viento sus cabellos ondulados y largos, mientras inclina su rostro de facciones suaves y enternecidas por la tristeza, para adentrarse en sí misma.

Observa con calma el exterior que le rodea, que va cambiando a medida en que tiene en su corazón las imágenes de su alma, de ella toda, con lo que trasnmuta y transforma el paisaje en función de su espíritu.

Al tiempo, los matices del atardecer, el olor a yodo, la brisa fresca, los palmares, las rocas y la espuma de mar y el silencio musical de los alrededores infieren en sus emociones, que se hacen cada vez más intensas, y terminan por estallar en una sensación indescriptible de melancólica libertad, que muchas veces experimentó antes, y de la que nunca habló con nadie.

Tampoco en ese momento la iría a describir; prefirió guardar ese secreto para ella, un misterio suyo, muy suyo y de nadie más... ni siquiera de la persona que más amó en su vida.


De esos ojos de pestañas profusas y oscuras, brota un resplandor ambarino, mezcla de dulzura y ansia animal, cual fiera salvaje que sólo ataca en momentos de agresión a la integridad propia y de los suyos, pero en cuyo corazón palpita el sentimiento más grande y verdadero del mundo. Esas pupilas admiran en serenidad la grandeza natural que la rodea y, a un tiempo, se vuelven a su universo alterno, ensangrentado y amorfo; a su yo y los yo de aquél.

Un suspiro que pretendería abarcar a la atmósfera completa y más allá, marca el inicio de la partida al paralelo de este tiempo. La sonrisa es amplia y las lágrimas eufóricas se secan con el hálito de la Tierra. La joven extiende los brazos en simbólico abrazo al océano, e inicia su andar hacia él. La falda de hizo pesada a medida en que adentraba sus pasos por entre las aguas...

El dolor fue nulo. Además del pálpito de su corazón, leve pero real, sólo percibía el movimiento de las olas, acompasado y sereno. Guardó en su memoria perpetua la última vista del mundo concreto y descendió por completo.

El líquido salado penetró por sus fosas nasales y se adueñó de los pulmones en cuestión de segundos.

Rayos de luz escarlata y malva ya acariciados por sombras, iluminaban aquélla constelación, su nuevo hogar.

Los sueños flotaron libres a su alrededor. Y la realidad no era otra, sino ese cúmulo onírico que siempre usó para escapar de lo mundano y cotidiano. Vivió allí, libre, tanto como sus ilusiones.

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