
Cuando crees haber rebasado los obstáculos y que hicistes el mejor de tus esfuerzos, el mayor absurdo de todos está a la vuelta de la esquina para estropear tu realidad.
Y el sacrificio, la puesta en manos del otro de tus escudos y mostrarte lo más libre de escamas y restos de naufragios anteriores, para hacer la percepción del ahora libre de temores a encallar y/o ir a pique nuevamente, resulta vano.
A partir de ello, retomas tu armadura y decides que esta vez, la llevarás con más honor que antes, para siempre, cuidando de levantar el yelmo, pero sin abandonar nunca el escudo, la espada y el resto.
Porque si el mostrarte por completo no dio resultados (irónicamente, cuando te pidieron despojaras de ti tal coraza), ¿para qué abandonarla y ofrecerse uno mismo, inocentemente, como carne de cañón?
Y el sacrificio, la puesta en manos del otro de tus escudos y mostrarte lo más libre de escamas y restos de naufragios anteriores, para hacer la percepción del ahora libre de temores a encallar y/o ir a pique nuevamente, resulta vano.
A partir de ello, retomas tu armadura y decides que esta vez, la llevarás con más honor que antes, para siempre, cuidando de levantar el yelmo, pero sin abandonar nunca el escudo, la espada y el resto.
Porque si el mostrarte por completo no dio resultados (irónicamente, cuando te pidieron despojaras de ti tal coraza), ¿para qué abandonarla y ofrecerse uno mismo, inocentemente, como carne de cañón?

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