By Sylvia Ji

By Sylvia Ji
Weder Engel noch Dämon
Vivir o existir

Memoria [ALFA]

jueves, 25 de octubre de 2007

Eternidad


Infierno, cielo; al carajo, a la mierda o a Megacentro...

El destino es indiferente. Es sólo el hecho: Estar en otro lugar.

Abres los ojos y la luz ya no te afecta.


Observas el Sol naciente y te deja indiferente.


Si las estrellas y el plenilunio causaban admiración y estremecían tu alma, ahora le dejan inerte.


Cuentas los pasos y observas al monstruo: Brillante acero en horas de la tarde, con la esfera de fuego justo encima.


Al anochecer, se muestra denso e insondable como el abismo sin fin.


Escuchas los silbidos del viento y la brisa fresca se intensifica al frío más adelante, cuando sólo se percibe el eco lejano de la madrugada.


Estás sobre la roca, filosa bajo los pies desnudos, mas eso ya no importa.


Paradójicamente, eres feliz como nunca lo fuistes antes y por ello, abres los brazos, cierras los ojos, alzas la cabeza al firmamento y transformas esa euforia en voz que se proyecta a lo lejos y se pierde en la oscuridad.


Es tu momento, tu mundo.

Lo que ansiastes!


Sólo se distingue la blancura de las ropas agitadas por el viento y de la piel, más pálida aún bajo el espectro lunar.


Choques de olas... espuma emergente...

Abres los ojos y observas las produndidades, mientras los pulmones se ensanchan, como si desearan contener al océano.


¿Angustia?

Andabas cual una de sus criaturas.


Todo transcurrió breve.


Ella se fundió con el mar, quien la llevó a ninguna parte...

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