
Amo al océano como a ningún otro elemento de la naturaleza. Sin embargo, ignoro la razón exacta de tal encanto, fuerte y enraizado.
Sin distinción, me engrandece el alma observarlo sereno o enervado. Siempre me transmite la profundidad que la superficie anhela tener, pues ya la ha perdido con los siglos y los andares.
Es monstruoso pero no inflije miedo. Más bien es un respeto que aguza las emociones como nada lo puede hacer, salvo un amor punzante. Ni la voz más penetrante provoca el temblor de pura felicidad en este diminuto ser del universo como lo hace el océano, quien está vivo, más que cualquier mortal o ente repleto de sangre.
Azul intenso, oscuridad total; cálido, frío que quema, calor que abrasa en sus profundidades, cercanas al núcleo de la Tierra. Cargado de oxígeno, pero provocaría una muerte inolvidable a todo aquél que no pertenezca a sus entrañas... Misterio, misterio, misterio embriagador, que me ahoga por no poderle abrazar por entero, por no poder poseerlo por completo.
Color estridente, gris interminable...qué más escondes tú, génesis de lo que palpita en esta existencia? Tengo sueños de los que nunca quisiera despertar, sólo aquéllos en los que eres esencia, principio y final... A veces pirata, a veces uno de tus habitantes, aunque en forma humana esté. Soy inmensamente feliz en tus aguas y allí, no temo a perecer, pues estaría por siempre contigo.
Mi alma es azul por ti, y por ello es que amo intensamente, pues tú así lo eres.
Cada sábado por breves, pero intensos instantes, observas el ir y venir del océano y deseas poder fundirte con él, en una próxima pero larga visita, para variar...

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